Tucupita, 1 de septiembre de 2025. En medio de una escalada geopolítica sin precedentes, el gobierno venezolano ha activado un plan integral de defensa territorial ante el despliegue militar de Estados Unidos en aguas cercanas al país. La operación estadounidense, que incluye destructores lanzamisiles, submarinos nucleares y más de 9.000 efectivos, ha sido calificada por Caracas como una amenaza directa a la soberanía nacional.
El presidente Nicolás Maduro denunció ante organismos internacionales que esta acción representa una “operación de propaganda masiva” con fines de intervención. En respuesta, Venezuela ha movilizado tropas en el Lago de Maracaibo, el Golfo de Venezuela y zonas estratégicas del norte del país, además de convocar a más de 4,5 millones de milicianos para reforzar la seguridad ciudadana y territorial.
La narrativa oficial estadounidense sostiene que el despliegue busca combatir organizaciones narcoterroristas como el denominado Cartel de los Soles. Sin embargo, analistas internacionales advierten que la magnitud del contingente militar excede los parámetros de una operación antidrogas convencional, lo que ha encendido las alarmas en América Latina.
Diversos países han expresado posturas divergentes: mientras Colombia, Cuba y Nicaragua rechazan la operación por considerarla desestabilizadora, otros como Argentina, Guyana y Trinidad y Tobago han manifestado su respaldo a la coalición liderada por Washington.